En la actualidad hay cada vez más niños que empiezan a usar lentillas y a edades más tempranas que antes. Pero, ¿Cuál es la percepción que los especialistas tenemos sobre esto?
En una reciente encuesta realizada entre miembros de de la Asociación Americana de Optometría (AOA), con el apoyo de Johnson & Johnson Vistakon, se pidió a los optometristas que opinaran qué factores influyen más en su decisión de adaptar lentes de contacto a los niños. Nueve de cada 10 dijeron que la madurez de éstos era en lo que primero consideraban, seguido de la capacidad para poder cuidar de las lentillas, hábitos de higiene correctos, la participación en deportes, el tipo de graduación, y el impacto de las lentes de contactos en la autoestima de ellos. ¿Cuáles fue una de las consideraciones menos importantes? Los costes.
Para reflejar la dinámica de estos casos voy a comentar un caso reciente. Aunque tengamos bastante experiencia en casos “extremos” como por ejemplo bebés con cataratas o muy altas graduaciones, hemos elegido un caso más “normal” y que puede reflejar los más habituales que tenemos. Este es el caso de una niña de 9 años, que hacía patinaje que nos llegó ya que no podía llevar sus gafas cuándo estaba entrenado por los giros y saltos sobre el hielo. Sin embargo, tenía miedo a patinar sin ver bien. Mientras que su graduación no era excesivamente complicada, el reto (como en muchos de estos casos) era su aversión a tocarse los ojos. No le gustaba, obviamente, que le echaran gotas en los ojos y claro!! no nos dejaba ponerle la lentilla. Tan pronto como veía la lentilla en nuestro dedo, cerraba los ojos y alejaba la cabeza. Cuando tenemos un paciente pediátrico que tiene pánico a las lentillas, pero a la vez se encuentra motivado o bien las necesita para ver bien por causas médicas, nos gusta dar un paso atrás y dar tiempo para que el niño entienda lo que vamos a hacer y lo acepte.
En estos casos, dejamos que toque una lentilla y le decimos que es como una gota de agua, mojada y blanda, por lo que poco a poco se van sintiendo más tranquilos. También le enseñamos que si quiere, puede mandar sus párpados que se relajen, como para en el futuro nos permita poner la lente. A continuación, le dimos un bote de lágrimas artificiales, le mostramos cómo ponerse una gota, y la mandamos de vuelta a casa con instrucciones de que intentara ponerse una gota todos los días durante una semana. Le dijimos, por último, que ponerse lentillas es como un nuevo movimiento en el patinaje artístico, difícil al principio, pero cada vez fácil con la práctica. Cuando regresó a la semana, ella estaba orgullosa de sí misma, muy motivada, pero aún un poco nerviosa. Elegimos en su caso una lente blanda de uso diario para facilitar sus cuidados y porque tiene el suficiente para facilitar su manipulación. Una vez que se la pusimos se sorprendió al ver sin gafas y todavía más ya que no las notaba. A la revisión de la semana estaba completamente adaptada y su hermano mayor era el que quería también usar lentillas.
Y con respecto a la edad de empezar a usar lentillas, en la encuesta que comentamos, los especialistas recomiendan empezar con:
- 12 %: Por debajo de 8 años
- 2% Entre 8 y 9 años.
- 51%: Entre 10-12 años
- 23%: Entre 13-14 años.
Tal vez excesiva variación, que puede responder a qué todos los especialistas no tienen la misma experiencia en lentes de contacto pediátricas. Por supuesto, que la experiencia de los profesionales que estamos más acostumbrados a trabajar con niños nos hace recomendar usar lentillas a edades más tempranas. Sabemos que las ventajas de su uso sobrepasan a los posibles problemas de trabajar con ellos.